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| El 20% de los bebés que sufre síndrome del zarandeo brusco muere días después
Miércoles, 28 de Febrero de 2007 (7:50:29) |
El 20 por ciento de los bebés que son zarandeados bruscamente para lograr que se callen, muere pocos días después de la lesión, y, de los que sobreviven, la mitad sufre discapacidades diversas, ya que sólo un 30 por ciento de los afectados se recupera totalmente.
Así se ha determinado en un estudio de la Unidad Docente de Matronas de la Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud de la Universidad de Granada, publicado en la revista de enfermería Rol, en el que se alerta de que cuando se diagnostica este mal, la probabilidad de que haya ocurrido un abuso o maltrato es 'muy alta'.
La sacudida violenta para parar el llanto del bebé origina daños cerebrales que se traducen en el cese de los sollozos, por lo que suele recurrirse a esta práctica 'en situaciones similares'.
La directora del estudio, Concepción Ruiz, explicó en un comunicado que el síndrome del bebé zarandeado es 'escasamente conocido' y puede producir 'múltiples lesiones' que, en la mayoría de los casos, no son evidentes externamente.
Además del daño cerebral, otras alteraciones severas son lesiones oculares y fracturas de huesos, mientras que las más leves pasan por irritabilidad, letargo, temblores, vómitos o pérdida de apetito.
Los niños menores de 2 años y, especialmente los prematuros, con bajo peso, con problemas de cólicos, con discapacidad, los gemelos o los hijastros son las víctimas más comunes, mientras que los agresores son en un mayor porcentaje hombres, frecuentemente el padre (44 por ciento), seguido de la pareja de la madre que convive en el hogar (20 por ciento).
En el caso de las mujeres agresoras, la mayoría suelen ser las niñeras (18 por ciento), mientras que las madres apenas suponen el siete por ciento.
Según la directora del estudio, debido a la 'muy alta probabilidad' de que detrás de este síndrome haya casos de abuso o maltrato, es 'muy importante' la detección precoz por parte del personal sanitario.
Por ello, Ruiz defendió la necesidad de instaurar programas de prevención y detección precoz en los que se impliquen profesionales de salud materno-infantil, así como cursos de formación para padres y profesionales.
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